jueves, 22 de noviembre de 2012

REPUDIO




Los años fueron pasando, mi hermanas y yo fuimos creciendo y cambiando pero a pesar de que nosotras cambiamos, muchas cosas permanecieron igual e incluso peor, nuestra vida siguió llena de prohibiciones, reglas y temores, la relación con mi papa no mejoro y mi mama jamas hizo nada para que esto cambiara, nisiquiera televisión podíamos ver, evitando las preguntas que pudiéramos hacer por lo que viéramos, recuerdo que cuando peleábamos entre nosotras, nos sacaba al patio y nos amarraba una frente a la otra y nos ponía el plato de comida en la mitad y teníamos que comer de hay, nada se hacia sin el consentimiento de el, incluso nos escogía la ropa y nos cortaba el mismo el cabello.

En la casa nunca se hablaba de sexualidad, un día mi papa grito que las que no llegaban vírgenes al matrimonio eran unas pecadoras, en ese momento nisiquiera entendí que era ser virgen, crecí pensando que el sexo era algo malo, algo prohibido, algo que me daba mucho asco y fastidio, con lo que no estaba de acuerdo, crecí sintiendo repudio por los hombres, no me gustaba que me alardearan, ni que empezaran con ese coqueteo típico de ellos, me gustaba tenerlos bien lejos, no puedo confiar en ellos, no puedo, en todos veo algo de mi papa y pienso que siempre están listos para pisotear.

mi vida era diferente a las niñas de mi edad, yo tenia una amiga desde el colegio y también era muy unida con dos primas, pero nunca podía salir con ellas, las visitas eran en la casa, a la calle no podíamos ni asomarnos y como ya me había graduado del colegio permanecía encerrada día y noche, rogándole a mi papa día a día poder entrar a la universidad para un día irme de mi casa y cumplir mis sueños.









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